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¿Preparar la lactancia durante el embarazo?

Amamantar no es solamente un acto instintivo, también requiere aprendizaje, información y sobre todo observación previa. Muchas mujeres no han cogido a un bebé en brazos hasta tener el suyo y tampoco han visto amamantar.

La evidencia científica sugiere que la mitad de las mujeres deciden dar o no el pecho antes del embarazo ( la mayoría durante la adolescencia) y que recibir información sobre lactancia materna durante el embarazo en las clases de preparación maternal aumenta la tasa de mujeres que la inician y que la mantienen.

No se recomienda explorar los pezones de las embarazadas porque puede generar angustia y pérdida de confianza en su capacidad de lactar, además de derivar en una predisposición al fracaso en especial si los pezones se identifican como invertidos o planos.

No es necesario preparar los pezones durante el embarazo ni aplicando pomadas o ungüentos, ni frotando con guante de crin, ni extrayendo calostro. Además de inútil puede ser contraproducente.

La mejor manera de prepararse para la lactancia materna es acudir a un grupo de apoyo a la lactancia materna durante el embarazo.

¿Afecta el parto a la lactancia?

El parto no es un acto quirúrgico, sino un hecho trascendental en la vida de las familias que debería tratarse con todo el respeto y dignidad que se merece. Se trata nada menos que de la llegada al mundo de una nueva vida.

En los hospitales españoles, el modelo más común de parto es el que se conoce como “parto medicalizado y dirigido” aunque poco a poco se van implementando otros modelos más respetuosos con la fisiología del parto, que a su vez facilitan el establecimiento de la lactancia.

El parto medicalizado implica un buen número de intervenciones y manipulaciones no exentas de efectos colaterales para la madre y el bebé, entre los que se cuentan distintas secuelas físicas dolorosas en el posparto que pueden entorpecer la lactancia materna.

Es difícil dar de mamar en una posición correcta cuando no te puedes ni sentar debido al dolor de los puntos de la episiotomía, y también es difícil amamantar recién cesareada, cuando es un suplicio girarte en la cama y llevas suero en vena y una sonda vesical.

No tiene nada que ver empezar una lactancia después de un parto natural, libre de cables, sondas y sueros, que hacerlo inmovilizada por la peridural. Está también comprobado que las ingurgitaciones más importantes suceden a mujeres que han recibido sueros intravenosos y peridural (esto es así porque ambos favorecen la formación de edemas, es decir, la inflamación por acumulación de líquidos). A grandes rasgos, cuanto más indemne salgas de tu parto, más fácil lo tendrás para iniciar la lactancia materna.

El parto medicalizado también disminuye la autoestima y la confianza de las mujeres en su propio cuerpo. Los partos no los hacen los médicos ni las comadronas, los hacen las mujeres. No existe nada más poderoso en esta tierra que una mujer dando a luz, pero las mujeres nos hemos dejado arrebatar ese poder, y recuperarlo nos ayudará también a disfrutar del poder de amamantar.

Por su parte, los bebés pueden tener más problemas para mamar bien durante los primeros días, y a menudo tienen unpatrón de succión inmaduro e ineficaz.

Así pues, facilitando el parto estaremos facilitando la lactancia materna, pero… ¿de qué manera se puede facilitar un parto?

La ciencia ha descubierto que segregar adrenalina durante el parto hace que el mismo se vuelva más largo, difícil y doloroso, y por tanto menos seguro.

¿Qué situaciones pueden disparar la adrenalina y activar el neocórtex en una mujer que está de parto?

  • El frío: la mayoría de las salas de parto están incluidas en zonas quirúrgicas, y éstas suelen estar muy frías para prevenir la proliferación de microorganismos.
  • La luz: las mujeres que están de parto, como todas las hembras mamíferas, buscan instintivamente intimidad y oscuridad. La luz intensa puede bloquear el parto por sí sola.
  • Sentirse observadas.
  • Falta de intimidad, sentir vergüenza.
  • Que les hablen y les hagan preguntas.
  • Que se les aplique tecnología médica, sobre todo dolorosa.

Lo más importante que tiene que hacer un profesional que acompaña un parto es justamente acompañar, estar ahí, dar apoyo y seguridad, vigilando que no haya ningún signo de peligro ni para la mamá ni para el bebé. La tecnología es buena cuando se necesita, pero aplicar tecnología a todos los partos normales ocasiona más problemas que beneficios.

En el parto humano, la proporción del tamaño de la pelvis materna respecto al perímetro craneal de la cría es más justa que en ninguna otra especie de mamíferos, por lo que, para que todo marche bien, se necesita:

  • Libertad de movimientos
  • Verticalidad
  • Tiempo

El control del bebé en el parto

Aún hoy, la mayoría de mujeres en trabajo de parto son controladas desde que entran en la unidad de partos hasta que nace el bebé mediante monitorización continua del latido fetal y las contracciones, ya sea con aparatos externos o internos (en este último caso, se introduce una sonda en la cavidad uterina, por detrás de la cabeza del feto, para marcar la presión intrauterina exacta en milímetros de mercurio, y se inserta un electrodo en el cuero cabelludo del bebé, lo que provoca una herida en el mismo, con el agravante de que hay que romper la bolsa de líquido amniótico para colocarlo todo).

Tanto las formas de monitorización externas como las internas reducen de manera importante la movilidad de la madre y provocan incomodidad y dolor, por lo que repercuten en una mayor necesidad de aplicar la anestesia peridural. A menudo, el control del latido fetal y las contracciones sólo se puede hacer correctamente cuando la mujer está tumbada en la cama en posición supina (boca arriba), con lo cual muchas mujeres se ven obligadas a permanecer en esa posición durante todo el proceso.

En cuanto a la posición supina, sabemos que provoca contracciones más dolorosas y dificulta el avance del parto. Además, se compromete el intercambio de oxígeno madre-hijo debido al efecto Caldeiro, que consiste en una hipotensión arterial en la madre debido al peso que ejerce la matriz con el bebé sobre la vena cava inferior (la que aporta sangre oxigenada al feto) cuando la mujer se encuentra acostada boca arriba. La mujer embarazada a término siente mareo, náuseas y sensación de falta de aire cuando está tumbada en esta posición.

En cambio, controlar el latido fetal de modo intermitente favorece el desarrollo de un parto fisiológico acompañado no manipulado.

A finales de los años sesenta, el obstetra uruguayo Caldeiro Barcia diseñó, fabricó y aplicó la monitorización electrónica continua del parto para estudiarlo en cuanto proceso fisiológico. Al cabo de varios años, tras ver y comprobar cómo los aparatos y técnicas que desarrolló se aplicaban de manera rutinaria en la mayoría de los partos de bajo riesgo, afirmó:

“Yo inventé la monitorización cardiotocográfica continua para poder ayudar en aquellos partos con problemas, no para poner en problemas a todas las mujeres de parto”

La posición para el expulsivo

La posición de litotomía (tumbada con las piernas abiertas en alto) dificulta el nacimiento del bebé, pero se sigue usando porque se considera el parto como un acto quirúrgico. En el lenguaje no verbal, esta postura indica sumisión, vulnerabilidad absoluta, estar tan expuesta que te pueden hacer cualquier cosa, pasividad total. La madre sólo ve el techo, no participa, le sacan al niño. Las mujeres a las que no se les dice cómo han de colocarse en ese momento tienen a su bebé en posición vertical.

Cuando la cabeza del bebé está a punto de salir, el coxis o rabadilla tiene la capacidad de desplazarse hacia atrás, aumentando así en uno o dos centímetros más el diámetro del canal óseo del parto, lo que ayuda mucho. Pero si la madre está tumbada en posición supina sobre una camilla de partos, esto no es posible, con lo que el canal del parto es más estrecho, el parto más difícil y la oxigenación del bebé intrauterino se ve comprometida.

La anestesia

En el año 2006 el Internacional Breastfeeding Journal publicó un estudio en el que se demostraba que la administración de la anestesia peridural en el parto puede influir en la capacidad del recién nacido para mamar, pudiendo producir por sí sola una succión caótica. Además, su uso favorece una cascada de intervenciones, ya que con peridural las contracciones se aflojan y distancian, lo que hace necesario romper la bolsa y aplicar oxitocina; ésta, a su vez, al acelerar el ritmo y la intensidad de las contracciones, puede provocar sufrimiento fetal, o simplemente niños que nacen más cansados, con estrés y poco predispuestos a mamar.

La inmovilidad de la mujer que provoca la peridural y la falta de verticalidad disparan las cifras de bebés que no bajan, bebés que no giran y no se colocan bien, lo que a su vez genera la necesidad de nuevas intervenciones. No tiene nada que ver amamantar y establecer la lactancia después de una cesárea o un parto instrumentalizado con hacerlo después de un parto normal fisiológico sin anestesia.

¿Es necesaria la episiotomía?

La evidencia científica no apoya la episiotomía salvo en contadas ocasiones, pese a lo cual se sigue practicando en muchos partos, lo que ocasiona dificultades a corto plazo (dolor al moverse y sentarse) y también a largo plazo (dificultades en las relaciones sexuales, incontinencia, etcétera). No será lo mismo iniciar la lactancia materna con esas molestias que sin ellas.

Respetar el cordón umbilical

Según la evidencia científica el corte tardío del cordón umbilical previene la anemia en la primera infancia, ya que hace que los bebés tengan unos niveles de hemoglobina más altos. Los estudios concluyen diciendo que se debería esperar como mínimo tres minutos, y si el bebé no está en buenas condiciones un mínimo de 60 segundos entre las piernas de la madre.

Los bebés nacen con dos sistemas de oxigenación durante los primeros minutos de vida, de modo que si falla uno, tienen otro. Uno de esos sistemas es el que ha acompañado al bebé durante toda la vida uterina, pues la placenta y el cordón umbilical siguen funcionando y aportándole sangre oxigenada una vez que nace. El otro sistema es el que activa el bebé al abrir los pulmones por primera vez y respirar. Es como si nacieran con un sistema de reanimación neonatal incorporado. Por eso es muy importante no pinzar el cordón si el bebé aún no está respirando.

Hay una cantidad de sangre en la placenta equivalente a la tercera parte del volumen total de sangre que tendrá el bebé, y esa sangre tiene que pasar a través del cordón en esos minutos previos al corte del cordón. Si éste se pinza o se corta, esa sangre se va quedar en la placenta y se va a tirar o donar, por lo que el neonato puede quedarse sin reservas de hierro suficientes. Y esto es todavía más importante si el recién nacido es prematuro o de bajo peso, puesto que la reserva de hierro la hacen los bebés intrauterinos durante el último mes de gestación.

Cuanto mejores sean las condiciones físicas en las que se encuentre el bebé al iniciar la lactancia, mejor funcionará ésta.

Nacer por cesárea

En los últimos años se ha disparado de forma alarmante la tasa de cesáreas que se practican en España. Recordemos que la cesárea es una intervención de cirugía mayor no exenta de riesgos. Actualmente, el 25 por ciento de mujeres españolas (con variabilidad entre el 15 y el 45 por ciento, según el hospital o clínica) dan a luz mediante cesárea. Tanto el sentido común como la evidencia científica señalan que NO es posible que una de cada tres mujeres sea incapaz de parir, por lo que probablemente al menos la mitad de esas cesáreas son innecesarias.

De ser posible, el parto vaginal siempre es más seguro para la madre y el bebé, y es preferible porque incrementa el porcentaje de éxito en la lactancia materna y su duración, porque aumenta el bienestar psicológico de madre e hijo y reduce el trauma emocional de ambos, y porque disminuye los costos del sistema de salud y la duración de la estancia hospitalaria.

Es importante saber que fisiológicamente no hay ninguna causa por la cual el hecho de tener cesárea retarde la subida de la leche. La causa de ese posible retraso que algunos profesionales y madres observan es debida a las rutinas hospitalarias que suelen ir asociadas a una cesárea como mayor tiempo de separación postparto y menor número de tomas los primeros días debido al dolor que sufre la madre y la necesidad de que alguien le ayude para amamantar.

A modo de conclusión final

Cuanto más positiva sea la vivencia de tu parto y menos lesionada estés, más fácil te resultará amamantar.

Actualmente, la sensibilización de los profesionales sanitarios respecto a la humanización del parto está aumentando, y se han desarrollado protocolos de atención al parto normal no medicalizado en todas las comunidades autónomas y también a nivel nacional.

Fuente: http://albalactanciamaterna.org/ 

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